¿Mercados discordantes?

18 de septiembre de 2016

Los bancos centrales han confirmado su influencia sobre los mercados financieros en los últimos meses, después de dos trimestres sembrados de episodios de marcada volatilidad. Los mercados se mostraron resilientes frente a diversos acontecimientos políticos potencialmente perturbadores. Aun así, persistieron los interrogantes sobre si la configuración de los precios de los activos reflejaba correctamente los riesgos subyacentes.

En un contexto caracterizado por tímidas señales -aunque persistentes- de fortalecimiento del crecimiento mundial y por una política monetaria acomodaticia, el apetito por el riesgo de los inversores pareció resurgir durante el periodo analizado. Como consecuencia, la volatilidad de los mercados financieros remitió, los precios de las materias primas repuntaron, los diferenciales de la deuda corporativa se estrecharon, los mercados bursátiles subieron y los flujos de inversión de cartera hacia las economías de mercado emergentes (EME) se reanudaron. Al mismo tiempo, los rendimientos en los principales mercados de renta fija se desplomaron hasta nuevos mínimos y el volumen de deuda pública negociada con rendimientos negativos volvió a crecer hasta superar brevemente los 10 billones de dólares en julio. Conforme avanzaba el verano, los rendimientos negativos se propagaron al mercado de deuda corporativa de alta calificación, especialmente en la zona del euro. La aparente discordancia entre, por un lado, los rendimientos de la deuda en mínimos récord y, por otro lado, las cotizaciones bursátiles mucho más altas con escasa volatilidad, arroja dudas sobre dichas valoraciones. Además, las bajas cotizaciones bursátiles de los bancos y las incipientes señales de tensión en los mercados de financiación bancaria añadieron una nota preocupante.

El resultado del referéndum en el Reino Unido contrario a su permanencia en la Unión Europea sorprendió a muchos observadores y causó revuelo durante algunas jornadas, pero su impacto se desvaneció pronto. La respuesta de los bancos centrales y la percepción entre los inversores de que aún queda por delante un prolongado periodo de política monetaria laxa parecieron calmar la situación.