La tensa calma da paso a turbulencias

BIS Quarterly Review  | 
6 de marzo de 2016
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La subida de las tasas de interés adoptada en diciembre por la Reserva Federal apenas perturbó la tensa calma que había imperado en los mercados financieros a finales de 2015. Pero el nuevo año arrancó turbulento, registrándose una de las peores caídas de los mercados bursátiles desde la crisis financiera de 2008.

Al principio, los mercados se centraron en la desaceleración del crecimiento en China y en las vulnerabilidades de las economías de mercado emergentes (EME) en general. La creciente preocupación por el crecimiento mundial indujo fuertes caídas del precio del petróleo y de los tipos de cambio de las EME, alentando un repliegue hacia los principales mercados de deuda, considerados más seguros. Las turbulencias se propagaron a las economías avanzadas (EA), conforme el aplanamiento de las curvas de rendimientos y la ampliación de los diferenciales de rendimiento plantearon a los inversores la posibilidad de escenarios recesivos.

En una segunda fase, el deterioro del entorno mundial y las medidas de los bancos centrales alimentaron en los mercados expectativas de nuevas bajadas de las tasas de interés y generaron preocupación por la rentabilidad de los bancos. A finales de enero, el Banco de Japón (BoJ) sorprendió a los mercados con la introducción de tasas de interés negativas, después de que el BCE anunciara una posible revisión de la orientación de su política monetaria y de que la Reserva Federal emitiera directrices para la realización de pruebas de resistencia contemplando la posibilidad de tasas de interés negativas. Ante los escasos beneficios bancarios, las cotizaciones bursátiles del sector cayeron mucho más que las del conjunto del mercado, especialmente en Japón y la zona del euro. Los diferenciales de rendimiento se ampliaron hasta tal punto que los mercados se inquietaron ante una posible cancelación por vez primera de los pagos de los cupones de las obligaciones convertibles contingentes (CoCos) de los principales bancos internacionales.

Parte de las turbulencias obedecieron a la creciente preocupación de los participantes en los mercados por las cada vez más escasas opciones de política disponibles para estimular la economía ante el debilitamiento de las perspectivas de crecimiento. Con un estrecho margen de maniobra fiscal y unas políticas estructurales prácticamente inactivas, se consideró que las medidas de los bancos centrales se estaban aproximando a sus límites.