Los riesgos de los desequilibrios internacionales: más allá de las cuentas corrientes

26 de junio de 2011

Los desequilibrios en las balanzas por cuenta corriente a nivel mundial aún persisten y presagian ajustes desordenados de los tipos de cambio y medidas proteccionistas. Más allá de las balanzas por cuenta corriente, los desequilibrios afectan a los flujos financieros brutos, que en la actualidad empequeñecen los saldos netos con que suele asociarse la cuenta corriente. Son precisamente esos flujos de capital los que entrañan riesgos quizá incluso mayores al originar posibles desajustes financieros y facilitar la transmisión de perturbaciones entre países. No solo eso, sino que además la financiación transfronteriza permite un rápido crecimiento del crédito aun cuando falte financiación interna. Como ha mostrado la experiencia de estos últimos años, una brusca inversión de los voluminosos flujos de capital transfronterizos puede dañar los sistemas financieros y, en último término, la economía real.

Ambos tipos de desequilibrio - por cuenta corriente y en los flujos financieros brutos - están relacionados y han de abordarse conjuntamente. En este sentido, la adopción de unas políticas macroeconómicas contrastadas será crucial, al igual que la función confiada a las políticas estructurales nacionales de fomentar el ahorro en los países con déficit y el consumo en los países con superávit. Aunque también es preciso el ajuste de los tipos de cambio reales, por sí mismo no será suficiente. Los países tendrán que implantar políticas que refuercen los marcos prudenciales y la infraestructura financiera. Los controles de capital, que deberían aplicarse tan solo como último recurso, únicamente pueden aliviar temporalmente la situación.

El ajuste en países con déficit y superávit, si bien es imperativo y conlleva ventajas mutuas, topa con un problema fundamental: que un ajuste unilateral probablemente resultaría demasiado oneroso para el país que lo acometiese. Esto significa que la coordinación internacional es esencial para poder salir del atolladero en el que se encuentran las políticas.