En las economías industriales comenzó a gestarse una compleja interacción entre el sector financiero y la economía real en el último trimestre de 2008, cuando a una dramática pérdida de confianza se unió la corrección de los desequilibrios que habían ido acumulándose desde comienzos de la década en los balances de los hogares, las empresas y el sector financiero. El resultado ha sido un severo desplome de la actividad económica y también de la inflación. Ahora bien, puesto que el apalancamiento financiero apenas comienza a ajustarse (en las economías que han experimentado un apogeo crediticio, el crédito a los sectores financiero y no financiero permanece muy por encima de su nivel de hace tan sólo unos años), lo razonable es prever tanto una dilatada desaceleración como una recuperación lenta.
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