Introducción: lo insostenible ha llegado a su límite

30 de junio de 2008

Tras años de crecimiento mundial intenso, inflación baja y mercados financieros estables, la situación se deterioró con rapidez en el período analizado. El acontecimiento más señalado fue la convulsión financiera que se desencadenó en el mercado estadounidense de hipotecas de alto riesgo (subprime), que pronto afectó a muchos otros mercados financieros y finalmente llevó a cuestionar la suficiencia de recursos propios de numerosos grandes bancos estadounidenses y europeos. Al mismo tiempo, el crecimiento económico se desaceleró con fuerza en Estados Unidos ante la retracción del mercado de la vivienda, mientras la inflación mundial aumentaba de forma significativa, en especial por el encarecimiento de las materias primas.

Algunos atribuyeron este cambio repentino de las condiciones financieras a las deficiencias asociadas a la reciente ampliación a nuevos productos hipotecarios del perdurable modelo de negocio basado en originar crédito y distribuir el riesgo. Otros, en cambio, vieron en el súbito deterioro de la coyuntura financiera y macroeconómica la contracción típica posterior a un período de auge del crédito. En verdad, diversos factores parecen sustentar esta segunda hipótesis: el fuerte crecimiento previamente registrado por los agregados monetarios y crediticios en todo el mundo, un período prolongado de bajas tasas de interés reales, el precio inusualmente elevado de numerosos activos (tanto financieros como reales) y la forma en la que los patrones de gasto en diferentes países (Estados Unidos y China en particular) reflejaban las distintas etapas de desarrollo financiero en que se hallaban (de fomento del consumo y la inversión, respectivamente).

Los bancos centrales de los principales centros financieros adoptaron sin excepción medidas para devolver la liquidez a los mercados financieros, si bien la senda de las tasas de interés oficiales difirió marcadamente según las circunstancias macroeconómicas de cada país. Hubo bancos centrales más preocupados por la inflación registrada que elevaron las tasas de interés oficiales, mientras otros, atentos a las presiones desinflacionarias que previsiblemente emergerían al desacelerarse el crecimiento, optaron por bajarlas.