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73o Informe Anual 2002/03: Presentación general

Capítulo I: Introducción: una inquietante debilidad por superar

En la fecha en que el Informe Anual se envió a la imprenta, las encuestas sobre el clima empresarial comenzaban a reflejar un incremento de la confianza en los mercados financieros, pero sin observarse aún evidencias claras de una mejora concluyente de las tendencias macroeconómicas. Durante el periodo analizado, la economía mundial una vez más fue incapaz de transformar una vacilante recuperación en una sólida expansión. A pesar del intenso estímulo procedente de las políticas económicas, el crecimiento de la mayoría de los grandes países industrializados se situó por debajo de las expectativas, observándose una debilidad especialmente marcada en la mayor parte de Europa continental. El gasto de consumo se mantuvo bien tanto en las economías industrializadas como en los mercados emergentes, pero la inversión empresarial continuó mostrándose débil a consecuencia de los excesos de deuda y de capacidad instalada que afectaron a los beneficios. Las fuerzas desinflacionarias quedaron patentes en casi todo el mundo y la deflación se materializó o amenazó con hacerlo en una serie de economías.

Las vulnerabilidades financieras que cabría esperar en un entorno económico tal no se pusieron de manifiesto, a pesar de la aparición de algunas tensiones. Con la excepción de Japón, los sistemas bancarios de las principales economías dieron muestras de solidez, aunque las compañías de seguros y los fondos de pensiones sufrieron, en líneas generales, las consecuencias de unos precios de las acciones más bajos. Hasta finales de 2002, los mercados de capitales estuvieron virtualmente cerrados a los prestatarios de escasa calidad crediticia, incluidos algunos soberanos, aunque recientemente han sido acogidos de mucho mejor grado.

Capítulo II: Evolución de las economías industrializadas avanzadas

A pesar del sustancial estímulo proporcionado por las políticas económicas en los países industrializados avanzados, la producción sólo se recuperó ligeramente en 2002. El gasto de los hogares se mantuvo bien, sostenido por el encarecimiento de los bienes inmuebles y por el auge de la refinanciación hipotecaria en diversos países, al tiempo que las empresas seguían recortando sus inversiones. Además, una mayor inquietud acerca de los acontecimientos en Oriente Medio probablemente ha frenado la expansión más recientemente. La mejora de los beneficios observada últimamente y el continuo progreso tecnológico han propiciado unas condiciones favorables para la recuperación del gasto de capital. Aun así, el saneamiento de los balances de situación de las empresas resulta un proceso lento y podría requerir una reducción adicional del apalancamiento. En los últimos años, ha aumentado la carga de la deuda que soportan los hogares, lo que hace pensar que sus tasas de ahorro pueden comenzar a elevarse conforme intenten reconstruir sus carteras de activos tras las sustanciales pérdidas de su patrimonio financiero durante los últimos años.

El reciente acontecer económico ha puesto de relieve los muchos desafíos a los que debe hacer frente la política económica. En el transcurso de 2002, Estados Unidos ha ejercido una influencia determinante en el crecimiento mundial, debido en parte a la marcada debilidad a largo plazo en otras economías y regiones importantes. La inflación permaneció moderada, pero las presiones a la baja sobre los precios de los bienes observadas en todo el mundo han instado a algunos analistas a resaltar los peligros de una deflación mundial. El deterioro de las finanzas públicas y las perspectivas de envejecimiento de la población en muchos países industrializados subrayan la necesidad de mantener la confianza en la sostenibilidad a largo plazo de los balances presupuestarios, toda vez que, en la práctica, las reglas fiscales se han relajado. Por último, cabe señalar el incremento de los desequilibrios de la balanza por cuenta corriente en los últimos años. Esta circunstancia es el reflejo de importantes cambios en la situación de los países y regiones en tanto que proveedores o usuarios de ahorro. Si bien unos menores déficit públicos contribuirían a la resolución del problema, es posible que una reducción sostenida del déficit por cuenta corriente de Estados Unidos requiera una tasa de ahorro más alta por parte de los hogares estadounidenses, así como unos niveles de demanda más elevados en otros países.

Capítulo III: Evolución de las economías de mercado emergentes

El año 2002 se ha caracterizado por una acusada divergencia entre las tasas de crecimiento de las economías emergentes, observándose una pronunciada debilidad en América Latina. Las perspectivas de crecimiento para el año 2003 se han visto dañadas en Asia por la expansión del virus del SARS, al tiempo que han mejorado en América Latina gracias a la recuperación de las exportaciones, tras las fuertes depreciaciones de sus monedas en términos reales y la mejora de las condiciones financieras externas. También se prevé una aceleración del crecimiento en Europa central y África durante 2003.

En este capítulo se pasa revista a los desafíos a los que ha de enfrentarse la política económica de los mercados emergentes en las principales regiones. El primero se refiere a la viabilidad de las políticas macroeconómicas promotoras del crecimiento en Asia. El clima favorable de confianza entre los inversionistas concede un cierto margen de maniobra para la aplicación de políticas fiscales expansivas a corto plazo, aun cuando los cocientes de deuda pública con relación al PIB son comparativamente elevados. Sin embargo, la continua acumulación de deuda en el medio plazo en una serie de países podría resultar problemática. Además, en un conjunto de economías asiáticas, la orientación más expansiva de la política monetaria ha estado asociada a un auge del mercado inmobiliario y a un crecimiento excesivamente rápido del crédito a los hogares. En segundo lugar, se plantean dilemas de política económica a consecuencia de las restricciones financieras externas que afectan a América Latina. En el transcurso de 2002, se ampliaron los diferenciales de la deuda soberana emitida por los países latinoamericanos y por otras economías muy endeudadas, las entradas de capital desaparecieron casi por completo, las divisas se depreciaron y la inflación aumentó considerablemente. Las autoridades económicas intentaron tranquilizar a los inversionistas mediante la aplicación de medidas de consolidación y reforma fiscal. A la hora de formular su política monetaria, tuvieron que establecer unos tipos de interés que fueran suficientemente altos para frenar la inflación, pero también suficientemente bajos para mantener el ritmo de crecimiento económico y garantizar a los inversionistas el servicio de la deuda. El reto para la política económica de los países de Europa central y oriental estriba en su adhesión, en última instancia, a la UEM. Los déficit presupuestarios excesivos han contribuido a unos tipos de interés elevados que han atraído fuertes entradas de capital, generando así dilemas para las autoridades monetarias.

Capítulo IV: La política monetaria en los países industrializados avanzados

Durante el periodo analizado, la orientación de la política monetaria en las economías industrializadas ha sido expansiva. Esto se debió, por una parte, a la tibia recuperación del año 2002, y por la otra, a los riesgos de una brusca desaceleración de la actividad económica en un entorno de mayor incertidumbre. En Estados Unidos, la Reserva Federal mantuvo su tipo de interés oficial prácticamente estable a un nivel reducido durante la mayor parte del periodo analizado, debido a la incertidumbre acerca de una fuerte recuperación. En un primer momento, el BCE mantuvo sus tipos de interés a un nivel más elevado a causa de la inquietud que representaba la inflación, pero terminó reduciéndolos más tarde a medida que se registraba una desaceleración inesperada del crecimiento. La persistente debilidad económica japonesa obligó a la autoridad monetaria de aquél país a intensificar la orientación expansiva de su política de objetivos cuantitativos. Las condiciones monetarias mostraron orientaciones más dispares en los países con objetivos de inflación explícitos, y algunos bancos centrales elevaron sus tipos ante la evidencia de presiones inflacionarias crecientes.

El riesgo de deflación pasó a ser preocupante durante el periodo analizado. Una vez alcanzada una situación de inflación reducida, la debilidad de la recuperación económica mundial ha dado origen a la posibilidad, si bien remota, de que acontezca una deflación generalizada. La deflación supone un reto para la política monetaria, puesto que puede llegar a ser muy perturbadora, especialmente si va acompañada de caídas pronunciadas de los precios de los activos. También puede limitar la eficacia de la política monetaria convencional si los tipos de interés nominales se acercan a su límite inferior cero. En una sección especial de este capítulo se examinan episodios anteriores de deflación, ocurridos en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX.

Capítulo V: Los mercados de divisas

La característica más destacada de los mercados de divisas durante el periodo analizado fue el debilitamiento del dólar estadounidense. El dólar se depreció frente al euro en torno a un 25% durante el periodo comprendido entre comienzos de 2002 (cuando la moneda estadounidense alcanzó su máximo) y mediados de mayo de 2003; en ese mismo periodo, la depreciación del dólar frente al yen fue de un 12%. En términos efectivos nominales, el dólar perdió alrededor de un 16% de su valor. En un entorno caracterizado por perspectivas de crecimiento poco alentadoras y por caídas continuas de las cotizaciones bursátiles, los diferenciales de tipos de interés parece que resurgieron como un determinante esencial de la evolución de los tipos de cambio. La inquietud sobre el creciente déficit por cuenta corriente de Estados Unidos tuvo asimismo consecuencias negativas para el dólar. Los cambios en la composición del déficit señalan un aumento de la prima de riesgo exigida a los activos estadounidenses.

Desde una perspectiva histórica, el análisis de los cambios sustanciales de orientación de la balanza por cuenta corriente desde 1973 en un gran número de países industrializados revela que esos ajustes se vieron acompañados de un menor crecimiento interno, pero de unas depreciaciones de sus monedas tan sólo ligeras en términos relativos. Por el contrario, un examen del ajuste de la balanza por cuenta corriente de Estados Unidos registrado en torno a 1987 indica que la caída del dólar desempeñó entonces un papel de mucho mayor calado en la consecución del equilibrio. Aun así, persisten importantes diferencias entre la economía mundial actual y la década de los 80, lo que implica la imposibilidad de predecir con seguridad si el ajuste del dólar seguirá una pauta similar, a pesar de que aún es probable que se produzca una corrección significativa de los desequilibrios de la balanza por cuenta corriente.

Varias monedas de países europeos no pertenecientes a la UEM, así como el dólar australiano, canadiense y neozelandés, aprovecharon el diferencial de sus tipos de interés frente a los de los activos denominados en dólares estadounidenses o en euros. La apreciación de estas divisas pareció cimentarse asimismo en los resultados relativamente positivos de sus respectivas economías. Por el contrario, la apreciación del franco suizo entre enero de 2002 y marzo de 2003 básicamente fue un reflejo de su tradicional papel como moneda de refugio seguro, que compensó en cierta medida el tono expansivo de la política monetaria aplicada por el Banco Nacional de Suiza. De todos modos, tras la relajación monetaria a comienzos de marzo de 2003 y la moderación de las tensiones geopolíticas, el franco suizo se depreció frente al euro.

La búsqueda de la rentabilidad por parte de los inversionistas internacionales también impulsó al alza la cotización de las monedas de algunas economías emergentes durante el periodo analizado, aunque las perspectivas económicas mundiales y diversos factores internos ejercieron asimismo una influencia considerable.

Capítulo VI: Los mercados financieros

Los mercados financieros internacionales sufrieron extraordinarias pérdidas de confianza durante el periodo de referencia. Una serie de deficiencias en el gobierno corporativo de algunas empresas (especialmente la que produjo la corrección, a finales de junio de 2002, de los estados financieros de la empresa estadounidense de telecomunicaciones WorldCom) elevó la prima de riesgo en los mercados financieros. Como resultado, los mercados de renta variable sufrieron durante 2002 unas pérdidas más abultadas que en los dos años precedentes. Incluso el mercado de bonos corporativos, que tradicionalmente se había mostrado sólido, atravesó un episodio de graves alteraciones. La volatilidad en los principales mercados financieros se transmitió a los mercados emergentes, de modo que en ocasiones, dio la impresión de que la cambiante apetencia por el riesgo de los inversionistas internacionales dominaba la evolución de los mercados nacionales.

Al ir recuperando la confianza los inversionistas, los mercados comenzaron a dispararse a partir de octubre de 2002, primero los mercados de bonos de empresa y emergentes, y más tarde los mercados de renta variable. Los esfuerzos de las empresas por sanear sus balances posibilitaron un estrechamiento de los diferenciales crediticios a finales de 2002. Aunque las menores rentabilidades observadas en los mercados de deuda pública y swaps eran sintomáticas de un cierto halo de duda sobre esta confianza, dichos esfuerzos de saneamiento contribuyeron de hecho a intensificar el auge de los mercados crediticios. Incluso parece que los inversionistas más conservadores han tratado de obtener mayores rentabilidades en los mercados de bonos de empresa y emergentes. Los mercados de renta variable se sumaron a la tendencia alcista en la primavera de 2003, impulsados por la rápida conclusión de la guerra en Iraq y por la publicación de beneficios empresariales alentadores.

Los mercados de la vivienda continuaron mostrando una notable fortaleza más de tres años después de que las cotizaciones bursátiles alcanzasen su máximo, mientras que en el pasado, los precios de la vivienda habían tendido a disminuir unos dos años después de alcanzarse un máximo bursátil. Esta paradoja podría deberse a que en los últimos años, los bancos centrales han sido capaces de reducir sustancialmente sus tipos de interés oficiales, lo que ha sostenido los precios de la vivienda. Por el contrario, en épocas pasadas, las autoridades monetarias habían elevado con frecuencia los tipos de interés al objeto de contener la demanda agregada y la inflación.

Capítulo VII: El sector financiero

Los sistemas financieros de los países industrializados se vieron sometidos a presiones adicionales durante el pasado año, a medida que se desvanecían las esperanzas de una pronta recuperación económica y continuaba la caída de los precios de las acciones. Aun así, parece que las instituciones financieras fueron capaces, por lo general, de capear con éxito la desaceleración económica, de modo que en la mayoría de los países, las tensiones del sector financiero no obstaculizaron la oferta de crédito. Los bancos mostraron, en general, una considerable fortaleza, como reflejo tanto de aspectos atípicos del actual ciclo económico (por ejemplo, la política monetaria acomodaticia y el crecimiento del gasto de los hogares y la ausencia de caídas de los precios de los inmuebles), como de factores estructurales (por ejemplo, la utilización de instrumentos financieros que facilitaron una mayor dispersión del riesgo de crédito por todo el sistema financiero). Con todo, algunos sectores se enfrentan a dificultades de envergadura. El sistema financiero japonés continuó con problemas de préstamos fallidos y beneficios escasos. Los resultados de las instituciones financieras alemanas han sido exiguos, a causa de deficiencias estructurales persistentes y de factores cíclicos. Por lo general, las compañías de seguros salieron peor paradas que los bancos, ya que las pérdidas realizadas en sus carteras de inversión y las bajas rentabilidades de sus activos de renta fija presionaron considerablemente sobre los beneficios.

De cara al futuro, los principales riesgos para las instituciones financieras dependen de las perspectivas macroeconómicas. Un periodo prolongado de debilidad económica pondría de nuevo en cuestión la capacidad de absorción de pérdidas por parte de instituciones y mercados financieros. Además, algunas empresas podrían tener que hacer frente a los riesgos legal y de reputación relacionados con sus actividades durante el auge de finales de la década de los 90. Asimismo, la creciente importancia de los mercados para la transferencia del riesgo de crédito aún podría presentar dificultades a sus participantes.

La fortaleza mostrada recientemente por el sector financiero puede considerarse como un indicio de que los sistemas financieros con múltiples canales de financiación, tanto mediante instrumentos negociados en los mercados como a través de la intermediación reflejada en los balances de situación, podrían responder de forma más flexible ante una evolución económica desfavorable. No obstante, estos sistemas multicanal también plantean nuevos retos a las autoridades supervisoras prudenciales, debido a la mayor complejidad de las instituciones individuales y a los vínculos entre éstas y los mercados.

VIII. Conclusión: hacia un crecimiento mundial más equilibrado

La economía mundial afronta un dilema fundamental: ¿cómo pueden resolverse los desequilibrios en la demanda y en las balanzas externas, al tiempo que se logra un sólido crecimiento económico internacional? Concretamente, inquieta saber si el sector empresarial mundial, ocupado todavía en sanear sus balances tras los excesos anteriores, incrementará la inversión. Esta decisión es crucial, puesto que el gasto de los hogares podría debilitarse ante los crecientes niveles de deuda de los consumidores, una bajada potencial de los precios de la vivienda y el aumento del desempleo.

El estímulo monetario y fiscal aplicado en varios países (especialmente en Estados Unidos) está sosteniendo la actividad económica a corto plazo, pero podría exacerbar desequilibrios actuales como son los déficit exteriores y las valoraciones históricamente elevadas que registran los activos negociados en algunos mercados. A fin de garantizar la sostenibilidad de una verdadera expansión mundial, los países que cuentan con balanzas exteriores saneadas deben adoptar medidas adicionales para promover el crecimiento de su demanda interna. En Asia, esto supone permitir una apreciación de sus monedas y evitar las estrategias de crecimiento orientadas hacia la exportación. En Europa continental, se trata básicamente de poner en marcha reformas estructurales que permitan al sector industrial responder con flexibilidad ante un euro más fuerte.

Los órganos decisorios prudenciales deben prepararse para hacer frente a las repercusiones que podría tener un crecimiento potencialmente escaso. En primer lugar, podría verse afectado el sistema financiero, por lo que se requieren esfuerzos para fortalecer aún más sus fundamentos y para garantizar una adecuada gestión de los riesgos derivados de una mayor dependencia en los mercados. Un segundo motivo de preocupación tiene que ver con la posibilidad de que se produjera deflación, lo que limitaría la efectividad de la política monetaria convencional a medida que los tipos de interés nominales se fuesen acercando al límite inferior cero. La eficacia de las medidas macroeconómicas podría, en esas circunstancias extremas, depender de un grado extraordinario de cooperación entre las autoridades monetarias y fiscales. Además, de la reciente experiencia japonesa se deriva que el estímulo macroeconómico podría tener que ir acompañado de medidas estructurales que obligasen a empresas y bancos a adecuarse a la realidad del mercado.

Actividades del Banco

En este capítulo se resumen las diversas actividades realizadas por el BPI durante el pasado año: consultas en materia monetaria y financiera, reuniones periódicas de sus comités permanentes en la sede del BPI y provisión de servicios financieros a su clientela, compuesta por bancos centrales. En consonancia con la creciente internacionalización de su ámbito de actuación, en noviembre de 2002 el Banco abrió una Oficina de Representación para las Américas en Ciudad de México.

Las reuniones bimestrales, a las que asisten los Gobernadores de los bancos centrales miembros del BPI, siguieron constituyendo el núcleo de la contribución del Banco a la cooperación internacional en 2002/03. Asimismo, a lo largo del año se organizaron diversas reuniones sobre temas de interés para los bancos centrales que, en algunos casos, contaron con una amplia participación de altos representantes de organismos ajenos a la banca central y de directivos de instituciones financieras privadas.

En el marco de sus funciones para promocionar la estabilidad financiera, el Banco continuó prestando su sede y su apoyo a las secretarías del Comité de Sistemas de Pago y Liquidación, del Comité sobre el Sistema Financiero Global y del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Estos comités se encargan de examinar aspectos básicos del funcionamiento de los mercados financieros internacionales y de las instituciones financieras. Un proyecto de enorme relevancia ha sido el desarrollo de un nuevo marco de suficiencia del capital bancario (denominado "Basilea II") cuya finalización está prevista para finales de 2003. Una de las principales áreas de actuación del Instituto para la Estabilidad Financiera del Banco ha sido la divulgación de información acerca del nuevo Acuerdo de Capital, actividad que se espera continúe el próximo año.

El Banco, proporcionando servicios de secretariado y, en algunos casos, participando directamente en sus deliberaciones, ha seguido colaborando con una serie de organismos independientes que han establecido sus Secretarías en el BPI. Entre ellos se encuentran la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros, el Foro sobre la Estabilidad Financiera y, desde mayo de 2002, la Asociación Internacional de Aseguradores de Depósitos.

El Banco ha seguido actuando como contraparte de los bancos centrales en sus operaciones financieras y desempeñando funciones de agente y fideicomisario en diversas transacciones financieras. El balance de situación mantuvo su solidez durante todo el ejercicio, al tiempo que los beneficios subyacentes mostraban un leve crecimiento.

Entre las cuestiones primordiales de carácter administrativo que caracterizaron al pasado ejercicio financiero, debe hacerse especial mención a la adopción del Derecho Especial de Giro como nueva unidad de cuenta del Banco, así como la modificación de los criterios contables en aras de ofrecer una imagen más fidedigna tanto de la situación financiera como de los resultados del Banco.

 




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